
martes de la 2ª semana de Cuaresma
Para ser Cristianos auténticos, no personajes de ficción buenos sólo para el teatro o las novelas, porque aparentar lo que no somos es como andar disfrazados. Decir una cosa y hacer otra o exigir a los demás lo que no somos capaces de hacer nosotros, nos hace perder no sólo la credibilidad sino la autoridad y hasta el respeto.
Andar por la vida sólo pensando en el qué dirán, nos esclaviza y nos obliga a hacer lo que no deseamos realmente.
Vivamos sin temor a las críticas o a las burlas, con la libertad de los hijos de Dios, consecuentes con nuestra fe, con los valores que nos han enseñado.
Así seguiremos fielmente a Jesucristo, el Amigo, el Maestro que no defrauda, que pasó haciendo el bien, y para enseñarnos lo que es Amar, entregó su vida por nosotros, para enseñarnos a perdonar, perdonó hasta aquellos que le crucificaban. Para enseñarnos a dar exprimió de su corazón hasta la última gota de sangre y de agua y para que nunca nadie se sienta sólo o abandonado se quedó para siempre y está vivo en la Eucaristía.
Para ser Cristianos auténticos, no personajes de ficción buenos sólo para el teatro o las novelas, porque aparentar lo que no somos es como andar disfrazados. Decir una cosa y hacer otra o exigir a los demás lo que no somos capaces de hacer nosotros, nos hace perder no sólo la credibilidad sino la autoridad y hasta el respeto.
Andar por la vida sólo pensando en el qué dirán, nos esclaviza y nos obliga a hacer lo que no deseamos realmente.
Vivamos sin temor a las críticas o a las burlas, con la libertad de los hijos de Dios, consecuentes con nuestra fe, con los valores que nos han enseñado.
Así seguiremos fielmente a Jesucristo, el Amigo, el Maestro que no defrauda, que pasó haciendo el bien, y para enseñarnos lo que es Amar, entregó su vida por nosotros, para enseñarnos a perdonar, perdonó hasta aquellos que le crucificaban. Para enseñarnos a dar exprimió de su corazón hasta la última gota de sangre y de agua y para que nunca nadie se sienta sólo o abandonado se quedó para siempre y está vivo en la Eucaristía.
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